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Aprenda a valorarse tal como es

amarme

Algunos consejos que pueden ayudarle:

  • Recuerde que los seres humanos no somos perfectos, incluido usted. No hay nadie que sea fuerte ni inteligente ni eficaz ni mucho menos bueno al cien por cien. Evidentemente, no hay nada malo en preocuparse por hacer bien cualquier tarea y tener éxito en los estudios, el trabajo, la amistad, el amor o la familia, pero debe tomárselo con cierta filosofía y, sobre todo, realismo: sea exigente; no perfeccionista.
  • Deje de compararse con los demás, pues esa manía tan sólo le acarreará sentimientos de inseguridad, nerviosismo, resentimiento y desazón. Si admira a alguien por una razón determinada, no pasa nada: piense en las cualidades que le gustaría tener e intente adoptarlas en la medida de lo posible. Imitar implica pasar de la mera comparación, que siempre es pasiva, a la puesta en marcha de un proyecto personal.
  • No existe una clasificación universal de la bondad o la maldad humanas. Nadie es bueno o malo en términos absolutos. Las buenas personas cometen injusticias de vez en cuando e incluso las más malvadas tienen un gesto de conmiseración en algunas ocasiones. Si usted cree que se comporta de la manera adecuada, adelante. Y si se equivoca no dude en disculparse, pero siempre dejando bien claro que ha obrado de la manera que usted consideraba más adecuada. Es más, del mismo modo que por una buena obra nadie se convierte en santo, usted no será un demonio por haber hecho algo de lo que, en un futuro más o menos cercano, se arrepentirá. Recuerde que si se compara continuamente con todos cuantos le rodean, acabará por amargarse la vida y estropear su relación con los demás.
  • Tenga cuidado con las generalizaciones. No conviene prestar demasiada atención a algunos aspectos de nuestro comportamiento, ya que podemos caer en exageraciones peligrosas (“como suelo sentir miedo con bastante facilidad, soy más débil que los demás”). Si desea controlar sus crisis de ansiedad, debe considerar que sus errores o flaquezas forman parte de su propia naturaleza, pero no lo son todo. Por ejemplo, piense que, pese al miedo que siente ante las situaciones de peligro, usted siempre opta por enfrentarse a los hechos y salir adelante. Procure prestar a cada problema la atención que se merece. Si no fuese así, malgastará un tiempo y una energía preciosos. Y no olvide que las personas que confían en sí mismas nunca escurren el bulto.
  • Mida las palabras: de vez en cuando es mejor emplear formas de condicional (lo haría si…) que expresiones de obligatoriedad (tengo que hacerlo). No se trata de evitar responsabilidades, sino de no crear falsas expectativas.
  • Aceptarse a uno mismo no es una tarea sencilla, pues requiere esfuerzo, constancia y, sobre todo, seriedad. Sin embargo, los resultados suelen ser excelentes.
  • Establezca unos objetivos que permitan mejorar su calidad de vida, y de paso reducir la ansiedad. Decida qué quiere cambiar y cómo puede conseguirlo.
  • Tenga en cuenta que esos cambios no se dan de la noche a la mañana. Enfrentarse a los propios miedos e inseguridades lleva más tiempo del que se piensa y exige un esfuerzo y una perseverancia notables.
  • Asegúrese de que sus relaciones sociales son estables y satisfactorias. Cultive las amistades y los contactos.
  • Dese un capricho, dedíquese algo de tiempo, aprenda a mimarse. Si le preocupa tanto agradar a los demás, ¿por qué no lo intenta primero con usted?
  • Recuerde que su vida depende de usted. Es demasiado fácil echar la culpa a otros, a la “mala suerte” o al universo entero. Sin embargo, la situación en la que se encuentra es el resultado de ciertas decisiones que usted ha tomado. No se convierta en una víctima y evite caer en la autocompasión. Un susto a tiempo nunca viene mal y, si obra con la prudencia y la elegancia necesarias, siempre encontrará a alguien en quien confiar sus desdichas. De todos modos no pierda demasiado tiempo quejándose. De la preocupación al derrotismo hay sólo un paso.
  • Piense por un momento si existe algo que pueda servirle como excusa a la hora de eludir ciertas responsabilidades, por ejemplo, el hecho de permitir que otros decidan por usted le evita cometer errores y, además, le proporciona la coartada perfecta para culpar a los demás de cuanto le pase.

La autoestima es la percepción que tenemos de nosotros mismos, la valoración que hacemos de las virtudes y defectos que creemos poseer. Palabras clave dentro del concepto de autoestima:

  • merecimiento: reconocimiento
  • competencia: capacidad propia percibida para desenvolverse en diferentes situaciones.

Tan contraproducente sería ver tan sólo nuestras virtudes, sin reconocer nuestras limitaciones, como centrarse tan sólo en los defectos, obviando todas las virtudes que poseemos.

La clave de una buena autoestima estaría en reconocer ambos aspectos de nuestra personalidad y no rendirse ante el supuesto de que los rasgos de la personalidad no pueden modificarse en cierta medida: “…yo soy así y no lo puedo evitar…”. Podemos adaptar nuestros defectos para que sus consecuencias no sean desastrosas (por ejemplo: Una persona muy agresiva puede aprender habilidades sociales para poder defender sus derechos de una forma más asertiva, sin que para ello, tenga que utilizar esta agresividad).


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