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¿Te recuperas fácilmente de los momentos difíciles de la vida?

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La resiliencia psicológica es la capacidad que tiene una persona para resistir y superar situaciones complicadas de la vida. Está relacionada con la autoestima. Está demostrado que la resiliencia de una persona es mayor cuando cuenta como mínimo con una buena relación afectiva con una persona. Cuando un sujeto se comporta de manera resiliente, se sabe que puede recuperarse después de una vivencia traumática, e incluso puede salir fortalecido.
Hay personas que por naturaleza son más resilientes, pero la resiliencia también se puede aprender. Para las personas con más dificultad de resiliencia, la ayuda de un profesional de la psicología, puede ser muy útil para aprender a desarrollar esta capacidad.
En este vídeo, se explica muy claramente el significado de la palabra resiliencia:

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La constancia…una aliada contra las drogas

“Cuantas más cosas construyas en tu vida, menos espacio dejarás a las drogas”. Este es el lema de la nueva campaña de la FAD contra las drogas. Un mensaje muy valioso para todos. ¡¡¡ Coge el taxi de la constancia !!!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Los depredadores emocionales

El depredador emocional existe, se siente inferior aunque no dé esa impresión, porque habitualmente suele mostrarse arrogante (aunque no al principio, cuando tiene que conquistar a su víctima). Puede aparecer en muchas situaciones, desde la pareja hasta el grupo de amigos. Es importante saber detectarlos a tiempo, ya que caer en sus redes puede traer consecuencias muy negativas en la salud de sus víctimas, pudiendo éstas, llegar a sentirse y mostrarse completamente anuladas.

En esta entrevista, la psicóloga define muy bien la personalidad de estos individuos:

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Aprenda a valorarse tal como es

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Algunos consejos que pueden ayudarle:

  • Recuerde que los seres humanos no somos perfectos, incluido usted. No hay nadie que sea fuerte ni inteligente ni eficaz ni mucho menos bueno al cien por cien. Evidentemente, no hay nada malo en preocuparse por hacer bien cualquier tarea y tener éxito en los estudios, el trabajo, la amistad, el amor o la familia, pero debe tomárselo con cierta filosofía y, sobre todo, realismo: sea exigente; no perfeccionista.
  • Deje de compararse con los demás, pues esa manía tan sólo le acarreará sentimientos de inseguridad, nerviosismo, resentimiento y desazón. Si admira a alguien por una razón determinada, no pasa nada: piense en las cualidades que le gustaría tener e intente adoptarlas en la medida de lo posible. Imitar implica pasar de la mera comparación, que siempre es pasiva, a la puesta en marcha de un proyecto personal.
  • No existe una clasificación universal de la bondad o la maldad humanas. Nadie es bueno o malo en términos absolutos. Las buenas personas cometen injusticias de vez en cuando e incluso las más malvadas tienen un gesto de conmiseración en algunas ocasiones. Si usted cree que se comporta de la manera adecuada, adelante. Y si se equivoca no dude en disculparse, pero siempre dejando bien claro que ha obrado de la manera que usted consideraba más adecuada. Es más, del mismo modo que por una buena obra nadie se convierte en santo, usted no será un demonio por haber hecho algo de lo que, en un futuro más o menos cercano, se arrepentirá. Recuerde que si se compara continuamente con todos cuantos le rodean, acabará por amargarse la vida y estropear su relación con los demás.
  • Tenga cuidado con las generalizaciones. No conviene prestar demasiada atención a algunos aspectos de nuestro comportamiento, ya que podemos caer en exageraciones peligrosas (“como suelo sentir miedo con bastante facilidad, soy más débil que los demás”). Si desea controlar sus crisis de ansiedad, debe considerar que sus errores o flaquezas forman parte de su propia naturaleza, pero no lo son todo. Por ejemplo, piense que, pese al miedo que siente ante las situaciones de peligro, usted siempre opta por enfrentarse a los hechos y salir adelante. Procure prestar a cada problema la atención que se merece. Si no fuese así, malgastará un tiempo y una energía preciosos. Y no olvide que las personas que confían en sí mismas nunca escurren el bulto.
  • Mida las palabras: de vez en cuando es mejor emplear formas de condicional (lo haría si…) que expresiones de obligatoriedad (tengo que hacerlo). No se trata de evitar responsabilidades, sino de no crear falsas expectativas.
  • Aceptarse a uno mismo no es una tarea sencilla, pues requiere esfuerzo, constancia y, sobre todo, seriedad. Sin embargo, los resultados suelen ser excelentes.
  • Establezca unos objetivos que permitan mejorar su calidad de vida, y de paso reducir la ansiedad. Decida qué quiere cambiar y cómo puede conseguirlo.
  • Tenga en cuenta que esos cambios no se dan de la noche a la mañana. Enfrentarse a los propios miedos e inseguridades lleva más tiempo del que se piensa y exige un esfuerzo y una perseverancia notables.
  • Asegúrese de que sus relaciones sociales son estables y satisfactorias. Cultive las amistades y los contactos.
  • Dese un capricho, dedíquese algo de tiempo, aprenda a mimarse. Si le preocupa tanto agradar a los demás, ¿por qué no lo intenta primero con usted?
  • Recuerde que su vida depende de usted. Es demasiado fácil echar la culpa a otros, a la “mala suerte” o al universo entero. Sin embargo, la situación en la que se encuentra es el resultado de ciertas decisiones que usted ha tomado. No se convierta en una víctima y evite caer en la autocompasión. Un susto a tiempo nunca viene mal y, si obra con la prudencia y la elegancia necesarias, siempre encontrará a alguien en quien confiar sus desdichas. De todos modos no pierda demasiado tiempo quejándose. De la preocupación al derrotismo hay sólo un paso.
  • Piense por un momento si existe algo que pueda servirle como excusa a la hora de eludir ciertas responsabilidades, por ejemplo, el hecho de permitir que otros decidan por usted le evita cometer errores y, además, le proporciona la coartada perfecta para culpar a los demás de cuanto le pase.

La autoestima es la percepción que tenemos de nosotros mismos, la valoración que hacemos de las virtudes y defectos que creemos poseer. Palabras clave dentro del concepto de autoestima:

  • merecimiento: reconocimiento
  • competencia: capacidad propia percibida para desenvolverse en diferentes situaciones.

Tan contraproducente sería ver tan sólo nuestras virtudes, sin reconocer nuestras limitaciones, como centrarse tan sólo en los defectos, obviando todas las virtudes que poseemos.

La clave de una buena autoestima estaría en reconocer ambos aspectos de nuestra personalidad y no rendirse ante el supuesto de que los rasgos de la personalidad no pueden modificarse en cierta medida: “…yo soy así y no lo puedo evitar…”. Podemos adaptar nuestros defectos para que sus consecuencias no sean desastrosas (por ejemplo: Una persona muy agresiva puede aprender habilidades sociales para poder defender sus derechos de una forma más asertiva, sin que para ello, tenga que utilizar esta agresividad).

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Cómo saber si una relación es de dependencia emocional

¿Sabes cuáles son los síntomas más evidentes de que tienes una relación afectiva de dependencia emocional? Este vídeo explica por qué una persona es propensa a caer en la dependencia emocional y cuáles son las señales que ponen de manifiesto su adicción afectiva. Frecuentemente es necesaria la ayuda de un psicólogo profesional para poder superar esta dependencia:

 

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Estrategias para superar la ansiedad

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ESTRATEGIAS A CORTO PLAZO PARA AYUDAR A DISMINUIR LA INTENSIDAD Y LA FRECUENCIA DE LOS ATAQUES DE PÁNICO

Los ataques de pánico no son peligrosos:

No pueden provocar un infarto, un derrame cerebral, asfixia, muerte súbita ni ningún otro problema físico grave. Ni pueden hacer que “te vuelvas loco” o que “pierdas la cabeza”. Estos miedos surgen porque, a pesar de no estar amenazado por un peligro real, el cuerpo envía una clara señal de peligro a la mente. Y la mente evoca entonces un peligro para que coincida con los síntomas físicos. Los siguientes síntomas y pensamientos atemorizantes tienden a ir de la mano:

Síntomas

Pensamientos atemorizantes

Palpitaciones Voy a tener un infarto y me voy a morir
Sensación de ahogo No voy a poder respirar y me voy a asfixiar
Sensación de mareo Me voy a desmayar
Sensación de desorientación o de “no estar ahí del todo” Voy a volverme loco
Las piernas te tiemblan Me voy a caer o no voy a poder caminar
Una agudización general de tu reacción física Voy a perder el control o voy a enloquecer

En el momento que te dices que te encuentras ante un peligro, multiplicas la intensidad de tu miedo, lo cual a su vez hace que tus síntomas físicos empeoren, con lo que sientes más miedo aun quedando atrapado en una espiral que fomenta cada vez un pánico más intenso.

Evitarás esta creciente espiral de miedo si aceptas totalmente que lo que le está ocurriendo a tu cuerpo no es peligroso.

Todos los peligros que acaban de citarse son ilusorios, tu imaginación los crea cuando estás sintiendo las intensas reacciones que forman parte del pánico:

→Un ataque de pánico no puede provocar un infarto o un paro cardíaco. Los rápidos latidos y las palpitaciones que aparecen durante un ataque de pánico pueden ser unas sensaciones aterradoras, pero no son peligrosas. Tu corazón está hecho de unas fibras musculares muy fuertes y densas y es mucho más resistente de lo que crees. Un corazón sano puede latir 200 pulsaciones por minuto durante muchas horas sin sufrir ningún daño. De modo que si tu corazón se pone a palpitar, deja que lo haga, confía en que no te pasará nada y que al final acabará tranquilizándose. Los ataques de pánico no son peligrosos para el corazón.

→ Un ataque de pánico no puede hacer que dejes de respirar o que te asfixies. Durante un ataque de pánico es normal sentir una gran tensión en el pecho y dificultades para respirar. Esta sensación puede hacer que de pronto temas asfixiarte. Al estar bajo estrés los músculos del cuello y el pecho se endurecen reduciendo la capacidad respiratoria. Sin embargo, puedes estar seguro de que tus vías respiratorias y pulmones están en perfectas condiciones y que esta sensación desaparecerá. Tu cerebro tiene un mecanismo reflejo que te obligará a respirar si no recibes suficiente oxígeno. En un determinado momento experimentarás un fuerte impulso de inhalar más aire. Lo mismo te ocurrirá en un ataque de pánico si no estás recibiendo suficiente oxígeno. Automáticamente tomarás una profunda bocanada de aire antes de llegar al punto de desmayarte por falta de oxígeno. (Y aunque te desmayaras, ¡te pondrías a respirar de inmediato!) En resumen, durante un ataque de pánico por más desagradable que sea la sensación de ahogo y de constricción, no es en sí peligrosa.

→ Un ataque de pánico no puede hacer que te desmayes.  La sensación de mareo que sientes cuando surge el pánico puede evocar el temor a desmayarte. Lo que en realidad te está ocurriendo es que la circulación de la sangre en el cerebro ha disminuido un poco, probablemente porque estás respirando con más rapidez. Esta situación no es peligrosa y puedes sentirte mejor si respiras de manera lenta  y regular desde el abdomen, si es posible por la nariz. Para sentirte mejor puedes también caminar un poco en cuanto tengas la oportunidad. Deja que la sensación de mareo surja y desaparezca sin oponerte a ella.

→ Un ataque de pánico no puede hacerte perder el equilibrio. Cuando surge el pánico puedes sentirte bastante mareado. Seguramente la tensión está afectando los conductos semicirculares del oído interno, que regulan el equilibrio. Durante algunos momentos quizá te sientas mareado o incluso te dé vueltas la cabeza. Pero esta sensación acabará desapareciendo siempre. No es peligrosa y raras veces se volverá tan fuerte que te haga perder realmente el equilibrio. Si la sensación de mareo dura más de algunos minutos, es mejor que vayas a ver a un médico (lo mejor es un otorrinolaringólogo, un especialista en el oído, la nariz y la laringe), para que compruebe si tienes alguna infección, alergia o cualquier otro problema que pudiera afectar el oído interno.

→ Durante un ataque de pánico no te caerás aunque sientas que las rodillas te flaquean. La adrenalina que tu cuerpo libera durante un ataque de pánico puede dilatar los vasos sanguíneos de las piernas y hacer que la sangre se acumule en los músculos de las mismas y que no circule por completo. Lo cual puede producir una sensación de debilidad o de que “las piernas te tiemblan”, y desencadenarte el miedo a no poder caminar. Sin embargo, puedes estar seguro de que no es más que una sensación y que tus piernas son tan fuertes y capaces de sostenerte como siempre. ¡No van a ceder! Deja sólo que esta sensación de debilidad y temblequeteo desaparezca y dale una oportunidad a tus piernas para que te lleven allí adonde necesites ir.

→ Durante un ataque de pánico no puedes “volverte loco”. Cuando surge el pánico, al reducirse ligeramente la circulación de la sangre en el cerebro debido a una constricción arterial, sueles respirar con más rapidez. Lo cual puede causarte una sensación de desorientación e irrealidad que puede llegar a ser aterradora. Si esta sensación aparece, recuerda que sólo se debe a una ligera disminución temporal de la circulación de la sangre en el cerebro y que no significa en absoluto que vayas a volverte loco, por más inquietante o extraña que la sensación te parezca. Nadie se ha vuelto loco a raíz de un ataque de pánico, aunque el miedo a que esto suceda sea muy común. Por más desagradable que sea la sensación de irrealidad, acabará desapareciendo y es totalmente inofensiva.

Quizá te ayude saber que la gente no se “vuelve loca” de pronto o de manera espontánea. Los trastornos mentales que comportan conductas clasificadas de “locas” (como la esquizofrenia o la psicosis maniacodepresiva) se van desarrollando muy lentamente durante años y no brotan de los ataques de pánico. Nadie ha empezado nunca a tener alucinaciones o a oír voces durante un ataque de pánico (salvo en raras ocasiones, cuando el pánico fue inducido por una sobredosis de alguna droga recreativa como el LSD o la cocaína). En pocas palabras, un ataque de pánico no puede hacer que te “vuelvas loco”, por más perturbadores o desagradables que sean los síntomas.

→ Un ataque de pánico no puede hacer que “pierdas el control”. A causa de las intensas reacciones que el cuerpo siente durante un ataque de pánico, es fácil imaginar que pudieras “perder el control totalmente”. Pero ¿qué significa perder el control totalmente? ¿Significa quedarse totalmente paralizado? ¿Actuar sin control o echar a correr como un enajenado? No se conoce ningún caso parecido. Durante un ataque de pánico tus sentidos y tu conciencia no desean más que una sola cosa: escapar. Echar a correr o intentar huir son las únicas formas en las que puedes “actuar” mientras sientes pánico. Perder totalmente el control en un ataque de pánico no es más que un mito.

LA SECUENCIA DEL PÁNICO

Un ataque de pánico es el resultado de una secuencia de acontecimientos que conllevan unos síntomas físicos desagradables y unos pensamientos catastrofistas:

1.ESTÍMULO INICIAL

(por ejemplo, una respiración deficiente en un atasco de tráfico)

2.Pensamientos de preocupación

(Por ejemplo, ¿Y si tengo un ataque de pánico?

3. Excitación fisiológica inicial

(síntomas suaves, por ejemplo, ponerse nervioso, un aumento del ritmo cardíaco, transpiración en las palmas de las manos, un ligero mareo)

4. Pensamientos catastrofistas

(por ejemplo, voy a tener un infarto o voy a volverme loco)

5. Una gran excitación fisiológica

Estímulo inicial

El estímulo inicial es el evento o la situación que desencadena el ciclo de pánico. El estímulo inicial puede ser un suceso exterior, como enfrentarse a una situación que antes ya te había producido pánico, o un suceso interior, como un ritmo cardíaco rápido o una respiración deficiente. Tanto si eres consciente del estímulo inicial como si no, empiezas a preocuparte.

Pensamientos de preocupación

Tus pensamientos de preocupación pueden ser tan instantáneos que parecen automáticos. Entre ellos se podrían incluir:

                ¿Y si ahora tengo un ataque de pánico?

                Me estoy empezando a marear, ¿voy a volver a perder el control?

                Me siento extraño, ¡he de irme de aquí!

                ¡Oh, no! Ya vuelve de nuevo.

 Los pensamientos de preocupación producen la siguiente fase de la secuencia de pánico: la excitación fisiológica.

Excitación fisiológica

Tu cuerpo está programado para interpretar cualquier posible peligro como una amenaza ante la que luchar o huir. Por eso al cabo de varios segundos de la aparición de los pensamientos de preocupación, surgen o se intensifican unos síntomas fisiológicos tales como un rápido ritmo cardíaco, un aumento de la respiración, tensión muscular y sudoración. Psicológicamente te sientes incómodo. Si percibes esos síntomas físicos como peligrosos, desencadenarás una reacción de alarma en tu cuerpo que tenderá a producir el pánico. Todos los mamíferos poseen este mecanismo de alarma para poder luchar contra los depredadores o huir de ellos. Cuando se activa, ocurren las siguientes reacciones fisiológicas:

  • El ritmo cardíaco aumenta rápidamente para proporcionar a los músculos de mayor tamaño la sangre necesaria para echar a correr o luchar.
  • El ritmo respiratorio aumenta para que tengas suficiente energía para moverte de súbito y con rapidez (este cambio puedes sentirlo como una tensión en el pecho).
  • La sangre que llega al cerebro disminuye un poco para irrigar con más fuerza los músculos de mayor tamaño (este cambio puedes interpretarlo como una sensación de mareo, confusión o irrealidad).
  • La circulación que fluye por las extremidades se reduce para disminuir la pérdida de sangre en el caso de una lesión (este cambio puede hacer que sientas las manos o los pies fríos y el rostro ardiendo).
  • Se desencadena la sudoración para que a un depredador no le resulte fácil agarrar tu piel.
  • La digestión se ralentiza (este cambio puedes sentirlo como retortijones o náuseas).

Aunque estos síntomas sean inocuos, quizá respondas a ellos entrando en la siguiente fase de la secuencia de pánico: los pensamientos catastrofistas.

Pensamientos catastrofistas

Los pensamientos catastrofistas le dicen a tu cuerpo que active incluso más aún el mecanismo de luchar o huir. Unos ejemplos de pensamientos catastrofistas podrían ser:

Si no me voy de aquí ahora mismo voy a tener un infarto.

Me voy a desmayar antes de poder salir de la autopista (o de que el semáforo se ponga en verde).

Voy a empezar a tartamudear y haré el ridículo.

¡Voy a volverme loco!

Es el fin, ¡me estoy muriendo!

 Estos pensamientos acaban produciendo un estado de gran excitación fisiológica, la última fase de la secuencia de pánico.

Estado de gran excitación fisiológica

Cuando el cuerpo recibe el mensaje de que te encuentras ante un peligro inminente (aunque en realidad no sea así), libera una gran cantidad de adrenalina, que a su vez produce más pensamientos catastrofistas, que a su vez activan los síntomas físicos con una mayor intensidad si cabe. Lo cual culmina en un auténtico ataque de pánico.

ACORTA LA SECUENCIA DEL PÁNICO

Liberarte del pánico significa interrumpir la secuencia de pánico cuando aún se encuentra en las fases iniciales. Para lograrlo:

  • Has de reconocer los síntomas del pánico
  • Recordar que estos síntomas no llevan a nada catastrófico (repítete: Los ataques de pánico no son peligrosos)
  • Aprender a reemplazar los pensamientos catastrofistas como: Estoy perdiendo el control y voy a volverme loco, por otros pensamientos realistas como: No es más que una sensación de pánico. No puede hacerme daño.

 Reemplaza los pensamientos catastrofistas por pensamientos realistas:

                1ª Reconocer tus pensamientos catastrofistas

                2ª Cuestionarte su validez

                3ª Reemplazarlos por pensamientos realistas

Paso 1º: Identifica los pensamientos catastrofistas que desencadenan las sensaciones físicas de pánico.

→ Piensa qué es lo que te pasa por la cabeza cuando aparecen los síntomas de pánico. S no tienes claro cuáles son, durante las dos próximas semanas controla los pensamientos catastrofistas que te asaltan observándolos justo antes de sentirte ansioso o de dejarte llevar por el pánico. Ejemplos de pensamientos catastrofistas:

  Me voy a morir

 Voy a volverme loco

Estoy perdiendo el control

Esto no se va a acabar nunca

Estoy muy asustado

Estoy teniendo un infarto

Voy a desmayarme

Voy a hacer el ridículo

He de irme de aquí ahora mismo

Voy a quedar como un estúpido

Van a pensar que estoy loco

Siempre me ocurrirá lo mismo

No entiendo qué es lo que me está pasando

Estoy seguro de que tengo algún problema físico

Estoy perdiendo la razón

Voy a morir asfixiado

No sé qué van a pensar de mí

No puedo ver nada

Voy a hacer daño a alguien

Voy a tener un derrame cerebral

Voy a ponerme a gritar

Paso 2º: Pregúntate: ¿Son realistas mis pensamientos?

                Observa con objetividad tus pensamientos catastrofistas y pregúntate si son realistas. Cuestiónate la validez de los mismos haciéndote las siguientes preguntas:

                ­­—    ¿Cuántas veces ha ocurrido en el pasado la catástrofe que creía que iba a suceder?

  • ¿Qué es lo que me ha ocurrido en una situación parecida, es decir, cuando me he dejado llevar por el pánico?
  • ¿Cuáles han sido los hechos médicos objetivos (si tus pensamientos catastrofistas están relacionados con algún peligro físico, como el temor a sufrir un infarto o a asfixiarte)? Consulta el apartado Los ataques de pánico no son peligrosos.

Paso 3º: Reemplaza los pensamientos catastrofistas desencadenados por las sensaciones físicas de pánico por unos pensamientos más realistas.

Pensamientos catastrofistas Pensamientos realistas
¡Estoy tan mareado que me voy a desmayar! Estoy pasando por las fases iniciales de pánico, por eso me siento mareado. Nadie se ha desmayado nunca o perdido el conocimiento por culpa de un ataque de pánico. Esta sensación acabará desapareciendo y no es peligrosa.

EL PRIMER MIEDO Y EL SEGUNDO MIEDO

(Claire Weekes, en Autoayuda para tus nervios)

El primer miedo surge con los síntomas iniciales de pánico. Cuando sientes los primeros síntomas, como un aumento del ritmo cardíaco, sudoración  y mareo, estás experimentando el primer miedo. Los pensamientos de miedo (No puedo aguantarlo, He de irme de aquí ahora mismo o ¿Y si los demás descubren que estoy perdiendo el control?) producidos por esos miedos generan el segundo miedo (que empeora tus síntomas).

Con el primer miedo no puedes hacer gran cosa, pero sí puedes eliminar el segundo aprendiendo a fluir con el ascenso y el descenso del estado de excitación de tu cuerpo en lugar de intentar combatirlo o de dejarte llevar por el pánico. Si puedes mantener a raya el segundo miedo, la reacción fisiológica desaparecerá sin haberte producido tanto pavor. En 5 minutos tu cuerpo metabolizará y reabsorberá la mayor parte de la adrenalina secretada con el pánico y, cuando esto ocurra, tus síntomas físicos empezarán a calmarse.

Cómo detener el segundo miedo: frases para afrontarlo

El primer miedo surge de forma fortuita, en cambio el segundo es el resultado directo de un diálogo interior catastrofista.

Cuando sientas que los síntomas de pánico están empezando a surgir, te será útil repetir para tus adentros alguna de las siguientes frases durante el primer o el segundo minuto. Si lo deseas, puedes también practicar al mismo tiempo la respiración abdominal. Si una afirmación se vuelve pesada o deja de funcionarte, prueba con otra.

—Esta sensación no es cómoda ni agradable, pero puedo aceptarla.

—Aunque sienta ansiedad, puedo afrontar la situación.

—Sé cómo manejar estos síntomas o sensaciones.

—Aceptaré esta sensación y esperaré a que la ansiedad disminuya.

—Aprovecharé esta oportunidad para aprender a afrontar mis miedos.

—Dejaré que mi cuerpo se vaya tranquilizando por sí solo. Esta sensación acabará desapareciendo.

—Resistiré este pensamiento, no tengo por qué dejar que se apodere de mí.

—Si logré sobrevivir a esta situación en el pasado, también voy a conseguirlo ahora.

—La ansiedad que siento no puede dañarme, aunque sea desagradable.

—No va a ocurrirme nada grave.

—Estas sensaciones acabarán desapareciendo y volveré a sentirme bien.

—No es más que adrenalina y esta sensación desaparecerá en unos minutos.

—etc.

Si tienes accesos de pánico con frecuencia, es una buena idea escribir en una tarjeta tus frases favoritas para afrontarlos y llevarla en el bolso o en la cartera. Cuando sientas que empiezan a aparecer los síntomas de pánico, sácala y léela.

Cómo detener el segundo miedo: la respiración abdominal

Es una técnica muy poderosa para desactivar los síntomas fisiológicos de la ansiedad. Si la utilizas en las fases iniciales del pánico, te ayudará a evitar el segundo miedo y a disipar los síntomas del primero.

 Distráete con algo

La respiración abdominal y las afirmaciones para afrontar al pánico han de ser tu primera línea de defensa, pero cualquiera de las siguientes estrategias te serán útiles para distraerte durante un acceso de pánico o cuando te sientas inquieto.

—Habla con otra persona. Podría ser alguien que viva contigo o una persona a la que puedas llamar.

—Muévete un poco por el entorno o haz alguna actividad física.

—Realiza alguna actividad sencilla y repetitiva. Por ejemplo, cuenta el dinero que llevas en el monedero mientras estés esperando en una cola, o canta una canción cuando montes en un ascensor que haya de recorrer una buena cantidad de pisos.

—Expresa los sentimientos de enojo. Enfádate con tu ansiedad y no con los demás. Grítale diciendo cosas como: ¡No vas a arruinarme la vida!

—Céntrate en tu entorno inmediato. Concéntrate en objetos concretos de tu alrededor, incluso tócalos si esto te ayuda.

—Practica la detención de los pensamientos. Utiliza la palabra detente una o dos veces o tira de la goma elástica que llevas en la muñeca para este fin y suéltala de golpe. Esta estrategia te ayudará a interrumpir la cadena de pensamientos negativos. Practica luego la respiración abdominal o repite alguna frase para afrontar la ansiedad. Cuando esta haya desaparecido, tómate el tiempo que haga falta para reflexionar en los horribles pensamientos que se te han ocurrido.

 

 

 

 

 

 

 

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Descubre tu personalidad frente al estrés

 

Realiza este sencillo test para descubrir cómo afecta la ansiedad a tu temperamento. Te encontrarás con dos preguntas, cada una compuesta por dos grupos de afirmaciones (A/B y C/D). Da un punto a cada afirmación con la que te identifiques: sumando las de cada grupo sabrás a cual perteneces. Por último combina los dos grupos (uno por cada pregunta) con mayor número de afirmaciones: ¡¡¡el resultado te indicará qué tipo de “estresada/o” eres!!!

 

 

Pregunta 1. Cuando siento estrés o ansiedad, se me manifiestan los siguientes síntomas:

 

 

GRUPO A:

□ Me quedo sin energía

□ Me abruman los pensamientos negativos

□ Todo lo que pienso gira en torno a mis problemas, por lo que no consigo concentrarme

□ Tiendo a interiorizar mis sentimientos

□ Me infravaloro

 

GRUPO B:

□ Tengo demasiada agitación

□ Me distraigo con mucha frecuencia y hablo sin parar, por lo que no suelo escuchar

□ Mis pensamientos son muy dispersos

□ Echo la culpa a otras personas de mis problemas

□ Me cuesta conciliar el sueño

 

 

Pregunta 2. Cuando estoy estresada/o, estas actividades me hacen sentir mejor:

 

 

GRUPO C:

□ Me gusta el ejercicio físico duro y la competición

□ Me gusta tener una tarea específica que terminar

□ Los desafíos constantes me estimulan

□ Prefiero entrar en acción cuando tengo que enfrentarme a un problema en lugar de    pensar demasiado

□ Tomo estimulantes (como la cafeína)

□ Cuando tengo excesiva tensión, el sexo me relaja

 

 

GRUPO D:

□ Practico ejercicio suave como por ejemplo el golf o doy un paseo

□ Busco alguna actividad social, ya que me gusta rodearme de otras personas

□ Me tranquiliza sentir que todo a mi alrededor se encuentra bajo control

□ Me horroriza tener que enfrentarme a un problema

□ Algo de alcohol no me viene mal para intentar evadirme y olvidarme de los conflictos

□ Si estoy tenso me gusta salir a cenar con mi pareja y hablar con ella de mis cosas

 

 

RESULTADOS:

 

► Si el resultado es mayoría AD, tu perfil es de BAJO TONO (necesitas tranquilidad, así que cuando estás estresada/o te descompensa, y necesitas hacer cosas que te hagan bajar tu activación mental. El estrés te hace entrar en un estado de agotamiento físico y mental)

► Si el resultado es mayoría AC, eres una personalidad COMPENSADA (por un lado caes en un estado de negativismo cuando sufres estrés, pero tu conducta intenta recuperar el estado de bienestar mediante actividades que te estimulan)

► Si el resultado es BD, tu personalidad sufre FRUSTRACIONES (te gusta controlarlo todo, y cuando esto no puede ser, te alteras intensamente)

► Si el resultado es BC, tienes una PERSONALIDAD HIPERREVOLUCIONADA (ante el estrés te activas de tal manera que no puedes parar, y posiblemente por eso necesitas tanta actividad para poder “descansar” estos nervios!)

 

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El cerebro dividido: racional y emocional

Este vídeo muestra las diferencias en nuestro comportamiento dependiendo de si nuestro cerebro actúa desde su parte más racional o desde su parte más emocional… y nos enseña la importancia del desarrollo de la inteligencia emocional para tener un mejor control de nuestras vidas:

 

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Significado del Efecto Pigmalión

Éste es el motivo del nombre de nuestra entidad!

 

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